Hoy dimos inicio a la nueva temporada de comidas-coloquio del Club de Periodistas Gallegos en Madrid. Las reuniones de esta asociación, que celebra ya su trigésimo aniversario, son siempre un aula abierta para mí. Poder compartir mesa con maestros de la profesión, con los que me une nuestro común origen galaico, es un privilegio que disfruto enormemente. Las anécdotas y vivencias de sus años en cargos directivos o redacciones de agencias de comunicación, televisiones, radios y periódicos hacen casi que me olvide de los exquisitos platos que preparan en el Café Varela, lugar habitual de las reuniones. Además, las comidas son la excusa perfecta para debatir con un invitado que nos acompaña cada vez temas de actualidad que, como buenos gallegos que somos, terminan derivando en recuerdos salpicados de morriña. Políticos, escritores, médicos, artistas y una larga lista se han sentado con nosotros y lo seguirán haciendo, por fortuna para mí y creo que para los demás asociados.

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Pues bien, ahora que ya he explicado a grandes rasgos lo que es el Club y sus reuniones mensuales (otro día explicaré también sus otras iniciativas) puedo contar qué tal ha ido esta primera charla. El invitado era el gallego de adopción y corazón -tan gallego como el que más, puedo afirmar después de haberle oído- Javier Vasallo. Javier fue durante dos décadas, los noventa y la primera del nuevo siglo, el director general de Buena Vista Internacional España, la distribuidora de Disney aquí, y acaba de presentar el libro Sin Claquetas. 40 historias de cine, de AGA ediciones, que recoge muchas de las vivencias que el invitado ha ido disfrutando a lo largo de su carrera en el mundo del cine. Seguramente el off the record ha impedido que cuente muchas cosas interesantes, pero de todas formas poder conocer los entresijos hollywodienses de la mano de Javier fue todo un lujo.

Hubo varias cosas que me llamaron la atención, como por ejemplo que el 16% de la población española fuera a ver El Rey León. Calculo, y puede que me equivoque, que casi seis millones y medio de personas sólo en España vieron esa película. Y me sorprendía cómo puede durar tanto el musical en la Gran Vía…

También me resultó chocante la manera en que comenzó a trabajar en el mundo del cine, sobre todo poniéndolo en contraposición con lo que sucede ahora y la preparación que nos exigen y nos exigimos a la hora de buscar un empleo. Relataba Javier, que entonces trabajaba en los puestos directivos de El Corte Inglés, que un día le llamaron para decirle “Oye, estamos buscando a alguien para dirigir la división de Disney en España”. “Ah, pues me parece muy bien”, respondió con humor, “pero yo no tengo ni idea de cine”. La persona que le llamaba le contestó: “Da igual, no necesitamos a nadie que sepa de cine”. Así comenzó un periplo de diecinueve años que le llevó a conocer una interminable lista de actores, directores y productores en numerosos estudios, festivales y galas.

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Por último, como idea para reflexionar, me quedo con algo que dijo Javier que creo que contiene un mensaje muy importante. Cuestionado por un miembro del club si había alguna película de las que se arrepentía a la hora de haber invertido o apoyado, lógicamente contestó que sí hay proyectos que creía que irían bien y luego no dieron el resultado esperado (veinte años son muchos años como para dar siempre en el clavo), pero recalcó que por encima de haber apostado por algo que salió mal, lamenta mucho más no haber apostado por algunas que luego sí que salieron bien. Y suscribo que la oportunidad perdida duele más que la apuesta fallida.